La postura de Thuillier y el trasfondo ideológico de la ciencia.

LA POSTURA DE THUILLIER

 Y EL TRASFONDO IDEOLÓGICO DE LA CIENCIA.
Ensayo
por

PEDRO ZAVALA VIVAS

Febrero
2011
TRABAJO FINAL PARA LA MATERIA DE EPISTEMOLOGÍA.
TITULAR DE LA ASIGNATURA: MAESTRA ILEANA ROJAS REYNOSA.
CARRERA EJECUTIVA DE PSICOLOGIA
UNIVERSIDAD DEL VALLE DE MÉXICO
“Pierre Thuillier  nos señala el trasfondo filosófico, religioso y político-social de la ciencia. Se descartan así las concepciones ingenuamente asépticas y puras de la misma.  La ciencia pertenece a la vida humana y no se puede desvincular de ella. Incluso estos factores influyen decisivamente en su misma estructura interna.
La atención a estos factores psico-sociológicos ha hecho surgir una serie de estudios de crítica ideológica y sociológica de la ciencia, que ya no se pueden desconocer a la hora de abordar los problemas epistemológicos.”1
Desde que la configuración del pensamiento y la investigación científica desembocaron en la erección necesaria de la epistemología, se puso de manifiesto que no iba a ser fácil el acuerdo entre las diferentes corrientes ideológicas que sustentaban las bases del propio pensamiento científico ni mucho menos del pensamiento filosófico. Aún así la epistemología vino a poner orden y a sistematizar toda esa constelación de ideas y finalmente dar consistencia y formalidad a todo pensamiento, idea o propuesta que pretendiese tener carácter científico.
A lo largo de la revisión de acontecimientos históricos que nos muestran cómo fue legitimándose y ganando respeto esta disciplina, la epistemología, nos podemos dar cuenta de que el principal obstáculo al que se enfrentó, y sigue enfrentándose, es al prejuicio ideológico. Las diferentes formas de pensamiento, tanto filosófico como científico, derivados de la diversidad cultural de los hombres, inclinan irremediablemente al ser humano a colocarse en una posición de juicio hacia otras formas de pensamiento diferentes a las suyas. Y por más que se pretenda ser objetivo al considerar y analizar ideas diferentes a las propias, este sustrato subjetivo de pensamiento propio condicionará prejuiciosamente la validación de tales ideas.
En la religión como en la filosofía este hecho no presenta ninguna importancia. Para la religión el pensamiento termina de una u otra manera en el dogma que sustenta la fe. En la filosofía el prejuzgar la idea de otro es parte de la discusión filosófica. Pero cuando se trata de la ciencia, por definición se presume que no debería darse tal prejuicio.  Porque el hecho científico debe considerarse metodológicamente como una hipótesis a comprobar, validar y aceptar, no importa su origen, en el entendido de que su origen es válido para la ciencia.  Pero, aquí es donde la realidad histórica demuestra que dentro de ese mismo ámbito científico, el prejuicio de los propios científicos frenaron el desarrollo de la ciencia solamente porque las propuestas o las nuevas ideas provenían de científicos de otra cultura, de otra comunidad científica, o de otra corriente epistemológica.
El aspecto a considerar en este ensayo es que la postura de Pierre Thuillier es incisiva y reveladora para comprender el trasfondo ideológico de la ciencia, que evidencia lo que se ha dado por llamar las bases oscuras2 de la misma. Y esto es importante porque la mayoría de  los científicos, que no la ciencia, se erigen en portadores de la verdad, y promueven un cientifismo3 y un cientificismo4 que olvida precisamente los orígenes oscuros o metafísicos5, de la ciencia.
Lo anterior nos lleva a considerar que la epistemología en su carácter de rectora con el método científico previene a la ciencia de considerar este importante aspecto y mantener la transparencia e imparcialidad en la crítica de las innovaciones y nuevas ideas que se suscitan en el ámbito científico. Por supuesto que este es el ideal y paradigma de toda postura científica. Sin embargo -y aquí es donde Thuillier enfatiza-, el ser humano, aun cuando científico, es intrínsecamente religioso y metafísico. Este hecho es, aun cuando intente evitarlo, por el que el científico es necesariamente influenciado en su consideración para el consenso, análisis y validación de otras ideas que  de entrada, sutil o explícitamente, chocan con su ideología política, metafísica  o religiosa. Sería necesario, que el científico tuviera la capacidad de trascender su propia formación política, social y religiosa para aceptar de primera instancia una situación nueva o una tesis que incluso cuestionara sus propios principios, y de ese modo su crítica podría ser verdaderamente imparcial y objetiva.  En este caso las palabras de Thuillier se antojan contundentes cuando dice: “Más vale cierta falta de respeto que una ciega idolatría”.6
Partiendo de este trasfondo ideológico de la ciencia, quisiera explorar más el aspecto religioso que de suyo es el hito que siempre ha mediado entre la filosofía y la ciencia, y que sin embargo, como sostiene Thuillier, está de un modo u otro presente en la propia ciencia.
Para comprender como nació la ciencia, tendríamos que saber cómo veían el mundo aquellos que la crearon7. Thuillier, apoyándose en R. Hooykaas8, señala que la tradición bíblica judeocristiana ha contribuido indirectamente a preparar la revolución científica. Eso no quiere decir que dicha afirmación sea a favor de la religión en un sentido apologético, ni tampoco se pretende que la Biblia haya proporcionado a los sabios un esquema de ideas teóricas. Simplemente se deja asentado que es una esfera de influencia decisiva. Y esto es comprensible si recordamos que la ciencia moderna nace en Europa, en occidente, donde la influencia de pensamiento religioso predominante es judeocristiana. Este hecho, que eminentemente es social, es por lo tanto un elemento sustancialmente cultural. Es decir que la cultura de un pueblo o una civilización por fuerza está condicionado, filosóficamente y por tanto epistemológicamente, por el elemento religioso. De ahí que Thuillier diga que la cultura se transparenta en la ciencia y habla a través de esta última como si fuera la voz de un ventrílocuo. En este caso siguiendo la metáfora el ventrílocuo es la cultura.  A diferencia de Hooykaas que sí afirma una influencia mecanicista de la Biblia en la ciencia moderna, Thuillier arguye que la influencia cultural que incide en la ciencia es más de tipo metafísico, económico y político. Que efectivamente la religión es una influencia innegable, pero que en la práctica, a la hora de asumir la metodología y los esquemas multidisciplinarios de la ciencia, se traduce -como ya lo dijimos en párrafos anteriores- en una actitud prejuiciosa configurada por dichos elementos culturales.
En una discusión interdisciplinaria, quienes no sólo utilizan diversas metodologías y técnicas, sino también tienen diferencia en sus enfoques de investigación y en las bases empíricas a las que recurren, buscan entender y apreciar el punto de vista de los otros. Esperan descubrir en otras disciplinas distintas de las suyas, pistas, indicios y nuevas ideas de información que les ayuden a superar sus propios límites y a afinar sus procedimientos. La mayoría quizá busca nuevas estructuras heurísticas, al tiempo que se dirige en forma segura hacia una síntesis crítica y una comunicación creativa con otras disciplinas. Sin embargo -como ya señalamos, siguiendo a Thuillier- los diferentes modos de pensar que originan diversos enfoques y bases empíricas involucrados, así como diferentes metodologías, originan lenguajes y contextos diversos para la interpretación y entendimiento. Esto es lo que ocasiona en la práctica que la comunicación y el seguimiento del planteamiento científico alcance un alto grado de dificultad e incertidumbre, aún en campos de estudio que muchos podrían considerar como cercanos, como por ejemplo la geometría diferencial pura como campo de las matemáticas y la teoría de la gravitación como campo de la física que emplea la geometría diferencial como una herramienta.  Necesariamente, resulta vital en la discusión y el estudio multidisciplinario ser conscientes, no sólo de estas diferencias de lenguaje y de métodos, sino también –y creo que aquí está la importancia del planteamiento de Thuillier- de las diferencias radicales en el enfoque epistemológico.
Esto es relativamente claro y evidente cuando se habla de dos ciencias naturales como la química y la física, o de otras ciencias menos puras como la psicología experimental y la biología, o ciencias más humanísticas como la psicología y la antropología. Aquí, seguramente podrían surgir preguntas muy importantes y delicadas ( ya lo hemos visto incluso a niveles muy embrionarios como en las discusiones de salón de clases, en las universidades), pero las diferencias fundamentales entre enfoques y bases empíricas son comúnmente transparentes y reconocibles. Por ejemplo, en la relación que hay entre ciencias naturales, filosofía y teología, es evidente que hay diferencias fundamentales en el enfoque, en las bases empíricas y en el método. Pero, no es obvio de ninguna manera cómo caracterizar o describir estas diferencias, ni cómo especificar de una manera que a todos parezca correcta  estas disciplinas una en relación con la otra. Esto se debe, en gran parte, a que mucha gente no tiene una idea clara en relación al enfoque esencial y a las bases empíricas de la filosofía y la teología. Que pueda haber cierta confusión se puede entender si miramos hacia la historia de las ciencias y de la filosofía; antes de la diversificación de las disciplinas, existía la llamada “filosofía natural” que abarcaba mucho de lo que ahora pertenece a disciplinas muy diferentes –física, química, biología, astronomía- junto con preguntas que aún forman parte integral de la filosofía. La explicación más común de la separación de estas disciplinas enfatiza el papel del método científico, el recurso de la experimentación, de la observación y los modelos teóricos correspondientes. A la vez, estos aspectos desarrollaron una dependencia esencial de las aplicaciones cuantitativas de las matemáticas 9en la física, la química y la astronomía.
Pero, independientemente que se desconozca o confunda el enfoque o las bases de la filosofía y la teología, el aspecto metafísico siempre estará presente de manera oscura en todo enfoque que se intente en el planteamiento científico.  Ya hemos señalado en párrafos anteriores cómo algunas veces nos vemos empujados a examinar cuidadosamente para justificar o explicar los supuestos e hipótesis que hacemos en las ciencias, y cómo las ciencias mismas a menudo no son capaces de hacer esto adecuadamente. Así, tal vez podamos decir que la filosofía trabaja con supuestos sobre los que se construye la ciencia, y con frecuencia estos supuestos implican estructuras fundamentales y oscuras que están por debajo de toda la realidad. Y es que el enfoque de la filosofía reside en el pensamiento, en la reflexión sobre la experiencia del conocimiento y sobre la estructura de lo que es  o puede ser conocido. De alguna manera, todo eso se puede desarrollar y se resume en la máxima filosófica antigua del más grande sabio de  todos los tiempos, Sócrates: “Conócete a ti mismo”. Al llegar a conocernos a nosotros mismos como seres epistemológicos, llegamos a conocer nuestras fortalezas y limitaciones en el entender, en nuestra relación con el mundo que afectamos y que nos rodea, y llegamos a conocer lo que nos es dado y lo que no nos es dado como resultado de nuestro alcance intencional del exterior y del interior. Al conocer críticamente una cosa, llegamos a saber al menos algo de lo que es, de su estructura y sus aspectos constitutivos internos.
Finalmente, y a falta de tiempo y espacio para una disertación tan vasta, en torno a un tema tan extenso, restaría para efectos de este ensayo añadir que entre la religión y la ciencia existen conceptos temáticos comunes o similares que tal vez sea el parte-aguas más significativo de este trasfondo ideológico que asume Thuillier10. Temas como evolución o desarrollo, unificación, diversificación, relación, simetría, etc. A menudo poseen un núcleo central común de significado en la religión, la filosofía y la ciencia, pese a sus diversos referentes concretos y contextuales. Tales temas son también la base de sobradas metáforas y analogías que pueden transferirse, aun cuando se haga cuidadosamente, de un campo a otro.  Mientras el hombre piense, o continúe sospechando, que es cuerpo y alma, en esta dicotomía existencial radicará la división bipolar que predispone el prejuicio del que hemos estado hablando en este ensayo.
“¿La ciencia y lo sagrado? Hermosa pregunta –dice Thuillier- Quizá demasiado bella y aún quizá demasiado vasta. Y paradójica hasta el exceso. Preguntemos, en efecto, al primer científico que encontremos, lo que sus investigaciones tienen qué ver con lo sagrado. Según los casos, sonreirá con desprecio o con indulgencia; o bien se indignará. Pero puede apostarse que su respuesta será negativa, y dirá11: “La ciencia no se ocupa de lo sagrado. ¿O acaso nos toman por teólogos o artistas? Deben saber que nuestro objetivo es claro: mediante un trabajo metódico, racional, rigurosamente controlado, nos esforzamos en describir y explorar los fenómenos. Descubrimos leyes, formulamos teorías. Pero con la preocupación permanente de confrontarlas con los hechos, de confirmarlas con los experimentos, mediante observaciones. Y (¿hay que decirlo?) evitamos cuidadosamente dejarnos influenciar por nuestras preferencias personales, por los prejuicios filosóficos12 o de otro tipo. Ignoramos lo sagrado”. Este discurso, aparentemente, no tiene réplica. En el fondo, si los científicos nos dicen que la ciencia, como actividad de investigación, no tiene en modo alguno relaciones con lo sagrado y con el problema de lo sagrado: ¿por qué no creerles?. Interroguémonos mejor acerca del origen de nuestras sospechas: ¿qué es lo que puede sugerirnos que la ciencia no es verdaderamente la empresa positiva, racional y transparente que pretende ser?  Las ocasiones no faltan, a decir verdad, de ver a la ciencia como una institución religiosa (o con marcadas semejanzas con las instituciones llamadas religiosas). Pues tales o cuales científicos, tomados individualmente, pueden muy bien contarnos que son practicantes neutrales y objetivos del método experimental… De todos modos hay que comprobar que, institucionalmente, las apariencias se llevan muy mal con la frialdad de ese ascetismo epistemológico. Claro está que no son sino apariencias. Pero, ¿quién sabe? Quizás nos otorguen algunas pistas.”13
“La ciencia, sea directa o indirectamente, es llevada a satisfacer curiosidades de orden metafísico”.14  Esto es un punto más que trasluce el trasfondo ideológico de la ciencia y conlleva aparejada de una u otra manera su base oscura.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS:
Mardones, J. M. (2003). Filosofía de las ciencias humanas y sociales. México: Ediciones Coyoacán.
Thuillier, P. (1975). La manipulación de la ciencia. Madrid: Fundamentos.
Thuillier, P. (1995). El saber ventrílocuo. México: Fondo de Cultura Económica.
Hooykaas, R. (1972). Religion et la naissance de la science moderne. Escocia:  Scottish Press.
NOTAS de pie de página.

1 Mardones, J. M. (2003). Filosofía de las ciencias humanas y sociales. México: Ediciones Coyoacán. Pág. 127.
2 Mardones, J. M. (2003). Filosofía de las ciencias humanas y sociales. México: Ediciones Coyoacán. Pág. 128.
3 Mardones, J. M. (2003). Filosofía de las ciencias humanas y sociales. México: Ediciones Coyoacán. Pág. 136.
4 Mardones, J. M. (2003). Filosofía de las ciencias humanas y sociales. México: Ediciones Coyoacán. Pág. 40.
5 Thuillier, P. (1975). La manipulación de la ciencia. Madrid: Fundamentos. Pág. 37.
6 Thuillier, P. (1995). El saber ventrílocuo. México: Fondo de Cultura Económica. Pág. 15.
7 Thuillier, P. (1995). El saber ventrílocuo. México: Fondo de Cultura Económica. Pág. 45.
8 Hooykaas, R. (1972). Religion et la naissance de la science moderne. Escocia:  Scottish Press.
9 Thuillier, P. (1995). El saber ventrílocuo. México: Fondo de Cultura Económica. Pág. 57.
10 Thuillier, P. (1995). El saber ventrílocuo. México: Fondo de Cultura Económica. Pág. 149.
11 Las cursivas son mías.
12Las  negritas son mías.
13 Thuillier, P. (1995). El saber ventrílocuo. México: Fondo de Cultura Económica. Pág. 178.
14 Thuillier, P. (1995). El saber ventrílocuo. México: Fondo de Cultura Económica. Pág. 194.

Acerca de Técnica actoral y psicología
Director teatral y maestro de técnicas actorales. Estudiante de psicología. Amante del arte dramático, la música y el ajedrez.

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