Antropología filosófica. Disertaciones 06.

6.       ¿Y EL SER SUPREMO?

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Desde que el ser humano deambula por la tierra, algo dentro de sí mismo, en algún lugar inadvertido y misterioso, le hace presentir que hay una presencia incomprensible e inconmensurablemente poderosa que crea, ordena y rige el universo. Asimismo, este ser humano se da cuenta que, en comparación con los demás seres vivos, él es sumamente especial y dotado con capacidades diferentes, y por tanto su papel en ese universo, que apenas comienza a conocer, debe ser también especial y determinado.  ¿Por quién? ¿O serán varios los creadores?

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Dada la variedad de fenómenos misteriosos e inexplicables, bien podrían ser varios los seres omnipotentes, y seguramente inmortales, los  que determinan los sucesos cósmicos, incluido el destino del ser humano.

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No hay civilización, que no tenga religión o doctrina; desde el concepto más primitivo totémico, pasando por los dioses míticos, hasta el monoteísmo más radical, ahí está el Ser supremo, solo o en compañía de otros como él. Creador colegiado o creador único, pero ahí está.

 TAGS:undefined                                     TAGS:undefined

 TAGS:undefined                      TAGS:undefinedY no hay decisión humana que no esté vinculada, matizada, subordinada, influenciada, inconsciente o conscientemente, a la doctrina y al concepto divino que la determina.

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Aun el individuo más materialista y ateo no puede negar que muy en el fondo sigue presintiendo una razón sobrenatural que sobrepasa su razón. De hecho, se podría suponer que nadie nace siendo ateo. Que primero necesita tener conocimiento y conciencia del concepto de Dios para poder negarlo.

En la medida que el ser humano necesita creer en algo superior, como el niño necesita creer en su madre y en su padre, así el hombre por más poderoso que sea, siente y sabe que hay un punto en donde ya no hay conocimiento, y esa inmensidad, ese enorme vacío inaccesible a la razón y al mayor conocimiento, pertenece a Dios.

¿Por qué nuestras vidas, de una u otra manera, cobran sentido con la divinidad?… Porque, el ser humano tiene en su ser una percepción metafísica de sí mismo y del cosmos. Y Dios es el principio y fin metafísico por antonomasia. La propia psicología como conocimiento y como ciencia en ciernes, no está muy segura de prescindir del concepto de Dios, por más que Nietzsche lo proponga. Eso es elemental y consecuente, porque la psicología es -en mucho- un conocimiento que hunde sus raíces en la filosofía, en la mitología, en la antropología, y hasta, curiosamente, en la teología.

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Sin embargo, siempre quedará colgada de los signos de interrogación la pregunta: ¿Pero, verdaderamente mis decisiones son mías, o de una u otra manera son decretadas por una fuerza superior, un Ser supremo; mismo que determina mi destino, mi vida y mis acciones? La posible respuesta invariablemente será una profesión de fe; misma que dependerá del tipo de creencia que se tenga. Hay creencias religiosas como la cristiana, que dicen: “Nada se mueve sin la voluntad de Dios”, ¡contundente!… Otras, como la hinduista y la budista hablan del karma, otro tipo de predestinación, que incluye la reencarnación… Ya los antiguos griegos y romanos, decían ante cualquier suceso fuera de su control y su poder: “Es voluntad de los dioses…”

Pero, yo ¿qué creo?…

Creo -partiendo de mi renovada creencia taoísta-  que hay un Principio y fin de todo, que ese Ser supremo debe existir, pero como una razón imprescindible del porqué de las cosas; no como una figura supra-humana que te concede lo que pidas.

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Ya no un dios sino un Ser, inconcebible; innombrable, no porque no se pueda decir su nombre, sino porque al nombrarlo podríamos nombrar otra cosa. Un Ser que no me predestina, sino me deja en una dimensión donde hay reglas, leyes, de acuerdo a cada naturaleza, para poder funcionar; como en un juego, donde cada quien juega con decisiones propias, pero siguiendo las reglas para evitar el caos. ¿Cuál es el fin, el propósito de todo? ¿La iluminación?…

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Nadie lo sabe a ciencia cierta.  Dentro de los millones de años del universo, son miles de años de existencia humana, y ¿no deberíamos saber ya nuestro propósito en este mundo?…

Con la ciencia y la epistemología, semejantes a una linterna de mano, seguimos buscando en las grandes tinieblas del conocimiento la razón de todo: del cosmos, de nosotros mismos. Y no lo sabemos aún. En las infinitas coordenadas del tiempo, del espacio y del movimiento, nuestras acciones coinciden; chocan, se entremezclan, y repercuten en las de los demás seres y eventos cósmicos…

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¿Preguntamos que si hay predestinación, coincidencias, destinos cruzados, hechos inexplicables, fuerzas misteriosas, fantasmas, dioses, ángeles y demonios?…  Yo sólo sé que hay muchas respuestas todavía inexploradas en las matemáticas… y en la magia.

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Acerca de Técnica actoral y psicología
Director teatral y maestro de técnicas actorales. Estudiante de psicología. Amante del arte dramático, la música y el ajedrez.

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